viernes, abril 13, 2007

a qué piso vas?

Parece, le contesté con inusitada frialdad.
Y estaba muerto nomás, teníamos razón.

Nos miramos desorientados. Hacía segundos éramos tres extraños y ahora sólo había uno, y estaba muerto a nuestros pies. Nosotros dos dejábamos de ser personas sin conexión, sin historia. Teníamos lazo, estábamos creando nuestro pasado y, en esos instantes presentes, ya éramos nosotros. Nunca supimos el nombre del otro.

Las luces de emergencia volvieron a fallar. Ella gimió y se escucharon lágrimas. Mi espalda no lograba despegarse y por lo tanto no me moví durante la oscuridad. Estaba paralizado. Intentaba entender, pensar, buscar explicación. Las luces volvieron y ahí logré desatarme. Ella ahora lloraba desconsolada, tenía ambas manos en el rostro y golpeaba la cabeza lenta y metódicamente contra la puerta del ascensor.

Con cuidado pasé sobre el cadáver. Me daba asco pisarlo, pero el suelo estaba cubierto de sangre y restos, por lo que no supe donde poner mi pie y decidí pisar su mano. Creo que fue de mis pocos errores. Pisar esa mano, en ese momento, es algo que nunca pude olvidar ni creo poder hacerlo. Llegué a ella y la abracé. Me apretó fuerte. Sentí como temblaba. Por qué? Qué está pasando? Por favor, por favor… la recuerdo moqueando. Estuvimos varios minutos abrazados.

Afuera seguían las explosiones. Ya no había gritos, ya no había golpes. Y ya no volvimos a intentar abrir esa maldita puerta.

- Cómo te llamás? - Fue lo que le pregunté.
- No sé, no me acuerdo – Fue lo que me contestó.

1 quisieron:

At 4:35 p. m., Anonymous PatasCortas dice...

Muy lindo relato!

 

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